Cara a cara

Se adelanta y la rigidez de su paso tímido traiciona su aplomo. 
Las miradas no abandonan sus pies. Todo lo que brilla en aquellos ojos, 
de donde brotan malos pensamientos, alumbra su caminar titubeante.
Va a caerse.
     En el fondo del salón una imagen conocida se yergue. Su mano tendida 
va hacia la suya. Ya no ve sino aquello; pero de pronto, tropieza 
contra sí mismo.

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