Pudiste amarme cuando estaba ahí. Pudiste besarme, abrazarme. Pudiste llenar mis oídos de gracia y mí corazón de dicha diciéndome lo mucho que me querías, pero no lo hiciste.
Pudiste mirarme a los ojos mientras conversábamos y ver como ellos se iluminaban cada vez que me mirabas fijo y sonreías.
Pudiste darme la mano y caminar o abrazarme y dejar que nuestros cuerpos permanecieran en el mismo lugar sin más movimiento que el temblequeo de mis piernas generado por los nervios y mis ansias de estar con vos.
Pudiste mirarme observándote. Pudiste notar como mis pupilas se dilataban cuando te miraba, cuando te pensaba y cuando mi piel roza la tuya aunque sea un instante.
Pudiste escucharme hablar de mi, de la vida y de como quería compartir mi vida con vos. Pudiste escucharme imaginando un futuro y ver la emoción que me generaba que en ese futuro estabas vos.
Pudiste haberme permitido intentar llenar ese vacío que otra persona dejó previamente en tu alma, pero tu oscilación fue más fuerte que tu pasión.
Permitiste que el miedo te ganara y yo partí porque mi amor supera el miedo, porque me doliste realmente y cuando duelen las espinas de una rosa, uno no se vuelve a pinchar.
Y vos, vos sos como mi rosa, me gustaste, me aferre, te quise tener, me lastimaste y no queda otra que soltar.
Comentarios
Publicar un comentario