Nicolás reprueba y tiene que dejar el colegio
donde estudió su padre y su abuelo, y que comparte con su hermana. Imagina la
reacción de sus padres. Nicolás solo logra ser feliz en los segundos que le
lleva la concentración para aprender a caer con la bicicleta. Pero los
segundos, a veces, no solo son para ser feliz.
Zoe y Felicitas están en el nuevo colegio. También Pilu y
Julieta. Salidas, amoríos, reencuentros, caminatas, todo es cotidiano hasta que
deja de serlo de repente. Bastan solo segundos para que todo cambie para
siempre. Y ahí es cuando aparece el mundo de Felicitas que reconstruye la vida
de sus amigos y la propia gracias a la escritura, la memoria y el recuerdo.
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