Abro los ojos y al frente tengo un edificio, todos los días lo veo a ese edificio. Gente que va y viene por los pasillos del edificio. A mi lado tengo un jarrón lleno de flores, que largan un perfume riquísimo, también tengo a mi perro acostado en la punta de la cama, me mira para que lo saque afuera, pero mis ganas de levantarme son muy pocas, como todos los días.
¿ Quién se querría levantar si al frente tenes gente que hace ruido todo el tiempo?
Se abrió la puerta de mi habitación y se asoma un una bandeja, era mi café con leche y mis dos tostadas con mermelada de durazno. Me quedé de cara porque no traía mi queso untable que tanto me gusta, pero bueno, me comí las tostadas y tomé mi café con leche.
Miré por la ventana y el sol era radiante, ese olor a primavera se sentía a kilómetros. Era un lindo día para salir a caminar. Al cruzar de calle me encontré con mi amigo que me hizo sonreír de oreja a oreja.
Este monólogo fue un trabajo que realizamos en un taller de dramaturgia en los intercolegiales de teatro que participé. Fue realizado de manera improvisada. Consistía en empezar a escribir de algo que nos gustará, y a medida que escribiamos, la profesora nos decia frases que debiamos incluir en el texto. Las frases eran: Un perro, se abrió una puerta, ese olor, quedé de cara y me hizo sonreir.
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